Quién es
Stephen Edwin King nació el 21 de septiembre de 1947 en Portland, Maine. Cuando tenía dos años su padre salió de casa «a comprar cigarrillos» y no volvió nunca. Su madre, Nellie, crió a los dos hijos sola, encadenando trabajos mal pagados: tiendas, lavanderías, asilos. King ha dicho que aprendió de ella dos cosas: que el trabajo duro no garantiza nada, y que hay que hacerlo igual.
Empezó a vender relatos a revistas de poco nivel siendo estudiante. Se casó con Tabitha Spruce en 1971, y durante los primeros años de matrimonio la familia vivió en una caravana con dos hijos pequeños mientras él daba clases de inglés por 6,400 dólares al año y trabajaba en una lavandería industrial, lavando sábanas de motel y mantas de hospital. Escribía de noche, en la mesa de la cocina.
Carrie, el clavo y la basura
Los rechazos de esos años son un dato físico: King clavaba las cartas de rechazo en un clavo en la pared, y cuando el clavo se llenó lo cambió por una espiga. Cuando empezó Carrie —la historia de una adolescente maltratada con poderes telequinéticos—, tiró las primeras páginas al cesto porque no le convencían. Tabitha las sacó, las leyó y le dijo que siguiera, que quería saber cómo acababa. Él ha contado esa escena muchas veces y siempre igual: sin ella no hay Carrie.
La novela se publicó en 1974 con una tirada modesta. Unos meses después, la editorial vendió los derechos de bolsillo por 400,000 dólares, de los que le correspondían 200,000. La noticia le llegó por telégrama, porque los King no tenían teléfono. Dejó la lavandería y la enseñanza, y no volvió a tener otro oficio.
La parte que el mito romantiza: la adicción
Aquí conviene ser directo, porque King lo es. Desde finales de los setenta y durante casi una década escribió bajo los efectos del alcohol y después de la cocaína. En Mientras escribo (2000) cuenta que de Cujo (1981) apenas recuerda la escritura, y que llegó a esnifar cocaína con un pañuelo empapado en sangre de la nariz cerca. La máquina de producir novelas seguía funcionando; la persona se estaba rompiendo.
En 1987 su familia hizo una intervención: vaciaron sobre la alfombra el contenido de su estudio —latas de cerveza, restos de cocaína, pastillas— y le dijeron que elegía. Eligió a la familia y está sobrio desde entonces. Casi toda la obra que lo consagró como algo más que un autor de género —La mitad oscura, Misery ya escrita pero su mejor etapa novelística posterior, La cúpula, la conclusión de La Torre Oscura— la escribió limpio. Es un dato relevante contra la idea de que la adicción «alimentaba» su creatividad: él mismo la describe como algo que se la robaba.
Lo que yo haría
Créele a King antes que al mito del genio intoxicado
El mito del artista que crea gracias a la sustancia tiene aquí su mejor contraejemplo, contado por el propio interesado: de Cujo no recuerda la escritura, y su mejor etapa la produjo sobrio, con el régimen más aburrido del mundo — dos mil palabras cada mañana con la puerta cerrada. Yo me quedaría con la aritmética: la máquina funcionaba a pesar de la adicción, no gracias a ella, y él dice que se la estaba robando. Si el escritor de terror más vendido de la historia atribuye su obra a la rutina y no al exceso, el romanticismo del exceso se queda sin su testigo estrella.
El experimento Bachman: talento o marca
Entre 1977 y 1984 King publicó cinco novelas como Richard Bachman, sin su nombre ni su foto. Quería responderse una pregunta incómoda: ¿su éxito era talento o suerte de marca? Los resultados fueron claros y le dolieron un poco: Rabia o La larga marcha —que los lectores suelen poner entre sus mejores textos— vendían decenas de miles de ejemplares como Bachman. Cuando en 1985 se descubrió que Bachman era King, las ventas de esos mismos libros se multiplicaron por diez. Su conclusión es una de las observaciones más honestas sobre el éxito que ha hecho un autor superventas: el talento existe y se entrena, pero la marca decide la escala. Es la misma distinción que revisamos en las lecciones de personas exitosas.
1999: el segundo casi
El 19 de junio de 1999, mientras caminaba por el arcén de una carretera de Maine —su costumbre de todas las tardes—, una camioneta lo atropelló. Se rompió la pierna derecha en nueve puntos, la cadera, varias costillas y la clavícula, y sufrió un colapso pulmonar. Los médicos consideraron amputarle la pierna. Hubo cinco operaciones en diez días y meses de rehabilitación dolorosa.
La escritura, que había sido su vicio, se convirtió en su terapia: retomó La Torre Oscura en cuanto pudo sentarse, con la silla y la mesa adaptadas, y terminó la serie —siete volúmenes empezados en 1982— entre 2003 y 2004. También escribió ahí Mientras escribo, el libro del que salen casi todos los datos de esta página.
El método, que no es misterioso
La productividad de King —unas 65 novelas y 200 relatos— no viene de la inspiración sino de un régimen aburrido, descrito por él mismo: 2,000 palabras cada mañana, todos los días, puerta cerrada, sin consultar con nadie el primer borrador («escribe con la puerta cerrada, reescribe con la puerta abierta»). Durante años dijo en entrevistas que descansaba en Navidad, el 4 de julio y su cumpleaños; ya mayor admitió que eso era una mentira piadosa: escribe también esos días, porque si no el día se le hace raro.
Su otra regla es la lectura: «si no tienes tiempo para leer, no tienes las herramientas para escribir». Lee entre 70 y 80 libros al año. Es la versión literaria de lo que decimos en cómo tener disciplina: nada espectacular, repetido durante 50 años.
Lo que se puede usar, sin mito
- El clavo de los rechazos es una métrica, no una herida. Coleccionar los «no» en la pared los convierte en recuento de intentos. Cuando el número es visible, deja de doler individualmente. Lo mismo aplica a cualquier rechazo profesional, como en las historias de escritores que publicaron tras el rechazo.
- Tu entorno decide contigo, te guste o no. Tabitha sacando Carrie de la basura es el ejemplo extremo de algo más general: quién está en tu cocina cambia lo que sale de tu cocina. Ninguna biografía seria de King existe sin ella.
- La constancia sobria le ganó al talento intoxicado. Su mejor prueba contra el mito del artista destruido es su propia bibliografía: la mayor parte se escribió después de 1987. Si necesitas ese argumento, está desarrollado en los casos de disciplina documentados.
Preguntas frecuentes
¿Quién es Stephen King?
Escritor estadounidense (Portland, Maine, 1947), autor de unas 65 novelas y 200 relatos, sobre todo de terror. Trabajó en una lavandería industrial y como conserje antes de publicar Carrie en 1974, cuando ya tenía decenas de rechazos coleccionados.
¿Es cierto que Carrie acabó en la basura?
Sí, según el propio King en su libro Mientras escribo. Tiró las primeras páginas y su esposa Tabitha las sacó del cesto, las leyó y le dijo que siguiera. Carrie vendió sus derechos de bolsillo por 400,000 dólares en 1974.
¿Qué fue el experimento Richard Bachman?
King publicó varias novelas bajo el seudónimo Richard Bachman para comprobar si su éxito era talento o marca. Los Bachman vendían una fracción de los King hasta que se descubrió la autoría; entonces las ventas se multiplicaron por diez. Su conclusión: el talento importa, pero la marca manda.
¿Es verdad que escribió drogado?
Sí. King ha contado que entre finales de los setenta y los ochenta escribió bajo el alcohol y la cocaína, y que de Cujo apenas recuerda la escritura. En 1987 su familia hizo una intervención y desde entonces está sobrio; casi toda su obra posterior la escribió limpio.
¿Cuánto escribe al día?
Su régimen documentado es de unas 2,000 palabras diarias, todos los días. En entrevistas decía que descansaba en Navidad, el 4 de julio y su cumpleaños, y años después admitió que eso era mentira: escribe también esos días.
Este artículo es una biografía divulgativa. Si tú o alguien cercano atraviesa un problema con el alcohol u otras sustancias, no lo manejes a solas: busca apoyo de un profesional de la salud o de un grupo de ayuda en tu localidad.